Un poeta en el Mar de Cortés
Antes de llegar tenía bien fija en la mente su imagen delgada y su rostro de calavera. Pero cuando el sol de La Paz bañó por completo su cuerpo, esa efigie se esfumó junto con el fuerte viento característico de esos extensos espacios.
Martín López Flores, El Charro, ganó 20 kilos en poco más de 20 años.
—oo0oo—
Viajé recientemente a esa que él denomina “tierra de paz”, previo contacto vía correo electrónico, y en virtud de que del trabajo no fueron a recibirme al aeropuerto, hube de llamarle telefónicamente para que me recomendara un hotel dónde quedarme.
Sin embargo, Martín —cordial y amigo como siempre— se ofreció a ir por mí, abandonando su cotidianidad. Varios minutos después de la llamada telefónica, un hombre se me acercó y me preguntó que si trabajaba para el ISSSTE, a lo que respondí afirmativamente. Había llegado tarde. Me puse nuevamente en contacto con Martín para solicitarle que, si no había emprendido el viaje, ya no se molestara, pero estaba a unos minutos de camino.
—Ya voy llegando, hermano; dime cómo vienes vestido —me atajó y preguntó.
Por eso fue que al verlo descender del auto en que llegaba al aeropuerto y dirigirse hacia mí, luego del saludo y del abrazo le comenté que lo veía más gordo, inclusive con una leve protuberancia en el vientre.
Como acto reflejo, Martín sumió su pequeña panza y sonreímos.
Acordamos que nos reuniríamos, una vez que cada uno cumpliera sus respectivas encomiendas, lo cual ocurrió hasta la noche.
Fue una velada breve pero fructífera. Me reencontré nuevamente con el pasado (espero que él haya sentido lo mismo), cosa que siempre alimenta el espíritu en el presente y que hace prevaleciente la esperanza en el futuro.
Me percaté de la madurez cognoscitiva de El Charro. Aunque siempre en clases mostró plena comprensión de los temas académicos, ahora es un hombre con profundo conocimiento de lo que expresa. Además, tiene muy nítidos sus objetivos y los comparte sin afanes autoadulatorios.
Por eso mismo fue que me dio doble gusto verlo, tratarlo y compartir ideas y comentarios: porque me di cuenta que, al igual que otros pocos locos como yo, su participación en este espacio tiene la intención de comunicar.
Cada uno de nosotros lo hace como mejor le parece, —“desde nuestra individualidad”, como él dice—, pero creo que con la intención de mantener ese contacto extraviado por grandes espacios anuales y vuelto a descubrir y mantener desde hace casi un año.
Por eso y por muchas otras cosas, como dice la canción, fue para mí un honor y un deleite reencontrarme, luego de ahora 21 años, con Martín, El Charro, un hombre que en lo coloquial sigue siendo el mismo, pero cuya madurez ahora le implica un alto sentido de la responsabilidad —está escribiendo su tesis de Maestría—, y quien al expresarse con su prolífica prosa pareciera haber cambiado respecto de aquel que conocimos y tratamos hace ya 21 años.
No, en el fondo —reitero— es el mismo; cierto, con 20 kilos más y con 20 grados más de sapiencia ganada en los libros y en las aulas, lo que le ha implicado un alto conocimiento del saber y de la vida.
Para mí es ahora “un poeta en el Mar de Cortés”.


periodismoacatlangeneracion83-87 dijo
Angel: Quiero felicitarte por todos los encuentros que has tenido con algunos de los compañeros, en especial por éste con Martín. He de decirte que siento un poco de "envidia" de la buena, ya que yo tengo mucho tiempo queriendo reunirme con mi amigo y no lo he logrado jeje. Gracias por compartirnos lo que sucede en esos bellos encuentros.
mares
7 Mayo 2008 | 01:25 AM