QUERIDOS ACATLANENSES: ha sido un verdadero éxito el tono de protesta usado para el recién terminado escrito. Se han emitido algunos comentarios al respecto y quisiera darle puntual respuesta a cada uno de ellos, con la única intención de MANTENER un DIÁLOGO CRÍTICO y FUNDAMENTADO sobre nuestros quehaceres PROFESIONALES y de VIDA, y con la CERTEZA de que la POLÉMICA NUTRE y FORTALECE a LA RAZÓN y a la PALABRA. OJO LO QUE SIGUE, COMO LO ANTERIOR NO SON REGAÑOS, a continuación explico.

Primeramente quiero señalar que no es un regaño lo planteado en el escrito, el título mismo enfatizaba su carácter: “cinco motivos por lo que los acatlanenses no me contestan y algo más”; ahora bien, debo entender, como lo hacen Samuel Ramos y el mismo Octavio Paz, que nuestra naturaleza mexicana producto de la unión de dos culturas teocráticas y una de ellas altamente sometedora de la voluntad, ha hecho de nosotros un pueblo al que el tono enérgico o poco meloso, de la conversación o de la escritura, le hace creer que se tiene algo en su contra, o que se han “encabronado” con él y por ende lo están regañando, creo que de aquí se ha de desprender, o por lo menos una relación ancestral ha de tener, el obsesivo uso de los diminutivos para amortiguar la verdad: hablamos del “gordito”, la “flaquita”, y en el colmo de los colmos del “muertito”. Pero, quiero dejar en claro, que no es un regaño de mi parte, ahora que si se ha tomado en ese sentido, prometo no repetir el acento e intentaré modificar el estilo, pero lo que si no puedo hacer, mucho menos prometer, es callarme, eso si que ¡no!, bonita chin… cosa que el comunicólogo se autocensure. Paso a otras cosas.

Elizabeth ha sido un gusto quizás inmerecido, pero igual de delicioso, el saber que estas letras las recibes con el ánimo manifiesto. Tengo un trabajo de tesis que si autorizas te puedo hacer llegar, junto con algunas otras cosas sueltas.

Para mi querido manolito tengo un chingo de agradecimientos y un chingo más de botellas por vaciar con sus respectivas desveladas, las cuales tendremos que poner en orden. Respecto a lo de la conversación sobre el “logos”, desde ya espero los tiempos apropiados para lanzarnos a la búsqueda de esa piedra angular en este edificio occidentalista al que Nietzsche bien enjuició a través de la persona de Sócrates, al que no deja de culpar de ser el cabrón que con su obcecado afán por la racionalidad, condenó a la irracionalidad al espacio de la patología, y con ello a la fantasía y a la imaginación artística. Déjame decirte que Gadamer, el más profundo estudioso de la hermenéutica en el siglo XX, a los noventa y cinco años, en entrevista delineaba los perfiles de su próximo libro, así como ciertas correcciones que tendría que hacer a sus propias obras; que ganas de vivir me dije cuando la leí, y ahora que miro tus consideraciones sobre la edad y la nostalgia, reitero que las ganas de vivir mucho tienen que ver con el sentido de trascendencia que cada uno de nosotros lleva dentro y que refleja en el acto cotidiano.

A propósito de lo que el compañero Campa ha tenido a bien en escribir para mis escritos, porque me queda claro que no es para mi persona y de la misma forma espero le quede claro que he de hablar sobre sus letras, pues como dices muy bien compañero: “… no recuerdo si alguna vez te llegué a saludar…”, aunque al respecto yo si recuerdo muy bien que nunca nos estrechamos la mano, por equis o zeta razón; déjame decirte algunas cosas a propósito de lo por ti dicho. Primeramente agradezco el tiempo que has tenido para leerme, ya que pese a que sé que el estilo y el contenido de lo que escribo no es de tu agrado, aún así me regalaste un tiempo y eso para mí es invaluable.

A continuación quisiera poner en claro algunos conceptos manejados en tu escrito, me atrevo a hacerlo porque estoy hablando con un universitario, y creo que lo mínimo que debemos hacer es tener muy bien delimitados los espacios semánticos de nuestros conceptos, para poder así, darle mayor claridad a lo que decimos.

Tu dices que yo ando en el topus urano y quisiera saber si cuando usas este concepto te estás refiriendo al mundo de las ideas “eidos”, al que Platón hace referencia a partir de sus llamados diálogos de madurez, y al cual describe como el espacio en el que habitan las esencias, dícese esas realidades que sólo pueden ser concebidas con el espíritu: la justicia, el bien, la belleza, la verdad y algunas otras más, serían el ejemplo de eso que el llamó “eidos” y que ubicó su residencia en el topus urano, si a eso te refieres cuando afirmas mi permanencia en ese sitio, déjame decirte que ganas tengo de que pudiera ser así, pero es imposible, porque como bien dijo Kant, el mundo ideal tiene una realidad propia y sirve como propósito de la realidad; en lo que escribo no alcanzo el nivel de la idealidad, solamente busco la esencia y el fin de las cosas y de lo que digo, pero no logro aún instalarme en el mundo de la idealidad, aunque no dejo de intentarlo.

Ahora bien, si cuando tu hablas de el topus urano, te refieres a ese espacio que el cristianismo, principalmente con San Agustín en el siglo III d. C. trató de sincretizar hasta hacerlo aparecer o confundir con el cielo de los hebreos, y que luego el siglo XX transformó en un sentido peyorativo, para referirse a todas esas personas que se atreven a mirar y a problematizar en y a la realidad con ojos y lenguaje doctoral, déjame decirte que si a eso te refieres, creo que tampoco ando ahí porque mis temas no son otros que los cotidianos, los de la vida diaria, esto aunado a que mi lenguaje no puede y no alcanza a ser ni ligeramente culto o docto; yo me pregunto, ¿hablar sobre el amor y la amistad no es algo cotidiano, hablar sobre el tiempo, el que nos transcurre a nosotros mismos y a los nuestros no es algo que debiera ser cotidiano?. Por último, para cerrar lo concerniente a este concepto, si cuando hablas de estar en el topus urano te refieres a estar fuera de la frivolidad o de “la campechana mental” como la nombra el buen Rockdrigo, si a eso te refieres cuando dices que estoy donde estoy al escribir, debo de aceptar que sí, si estoy en ese lugar, aunque nombrarlo así es incorrecto por lo antes ya dicho, y estoy ahí porque me parece que ya bastante frivolidad y vacío hay en el ciberespacio, en la realidad televisiva y periodística, como para seguirle abonando más estulticia e inutilidad verbal al cochinero ya existente, mayor razón de vergüenza es hacerlo con la ostentación de un título universitario en nuestras vitrinas.

Respecto a la “hueva”, que te genera el contenido y el estilo de mis textos, ahí creo que no hay mucho que decir, salvo que el adjetivo que predicas sobre ellos, es un adjetivo mucho muy limitado y casi ramplón, que de poco sirve y no habla nada bien de quien la usa, para definir el fondo y la forma de cualquier escritura; creo que ese tipo de adjetivos son más propios de la estulticia que de un verdadero lector, o de un lector universitario. Abonando al respecto, puedo asegurarte que entiendo perfectamente que los preparatorianos encuentren como punto de defensa, ante el acoso casi inquisidor de los profesores que les exigen leer, el adjetivo de la “hueva”, para librarse, como por arte de magia, de la insistencia que los quiere llevar a la acción casi malévola de leer; en ellos lo entiendo, insisto, pero me cuesta mucho trabajo entenderlo cuando viene de un licenciado en periodismo y comunicación colectiva de Acatlán; claro está, que podemos pensar y abonar a favor de esta forma de análisis de un comunicador, que hoy en día, el periodismo de espectáculos y de nota roja en su totalidad y no pocos de los que conforman el periodismo político y de sociales, se mueven bajo este formato de frases o conceptos que de tanto decirse han ido perdiendo su verdadero valor semántico; Sartre refiere algunas consideraciones en este tenor, cuando cuestiona el hecho de que a mediados del siglo XX en la Europa de la posguerra, la gente utilizara el término de existencialista para referir casi cualquier comportamiento que estuviera relacionado con la necedad, la reflexión, la conciencia, la formación universitaria, etc. Hoy en día, el concepto “hueva” es más un grito de desánimo existenciario, un grito que bien refleja el estadio nihilista en el que nos encontramos, y que como bien señalaba Nietzsche, termina por carcomer toda la inventiva espiritual de la humanidad; claro está que el que tiene el micrófono o el espacio en la revista o el periódico, podrá mofarse de lo antes dicho y con una mano en la bolsa y una sonrisa en los labios podrá decir “…que hueva andarse preocupando por el mundo o por esas cosas tan mamonas, cuando bien podemos hablar de si la chichi de la Guzmán se la dejaron mejor o si las nalgas de la Ninel son tersas y sonrosadas como ella lo presume…”. Ante esa situación nada se puede hacer, al menos nada tan impactante como para que eso deje de ser así, sabemos que la gente se vive la cotidianidad, a la que tan enfáticamente me sugieres que vaya, “ventaneando” y colgados de la “oreja”, esperando convertir la “boda de su sueño” o por lo menos estar en la “academia” para poder meter “goles con causa” y así salir, de una vez por todas, de esta miseria de sólo sesenta millones de mexicanos, la cual, con “oportunidades” y “teletones” lograremos aniquilar, por lo menos en los números como lo hemos hecho ya con la ignorancia.

Entiendo muy bien compañero que a usted no le guste “x” o “z” estilo, lo único que no entiendo, o me cuesta trabajo entender, que su espíritu comunicador se haya adelgazado hasta el punto de la hueva. Somos tan libres, lo se muy bien, que podemos mandar al carajo todo como lo hacían los pirronistas y los cínicos en la Grecia pos clásica, o para disentir, con fundamento, de lo que incluso nuestro hermano o nuestro amigo puede afirmar, con mucha mayor razón lo somos de disentir con aquellos con quienes ni siquiera hemos cruzado un saludo; pero creo que pese a que podamos hacer lo que cínicos y pirronistas implementaron en la decadencia de la Grecia clásica, también creo que el hecho de ser seres sociales y principalmente simbólicos, nos circunscribe a una serie de compromisos entre los que se encuentran principal, pero no únicamente, el responder por nuestras palabras y nuestros actos, para tratar de darle un poco de congruencia a nuestra existencia. Consciente estoy que esto último que he dicho, lo del valor de nuestras palabras, se asienta como un elemento sustantivo de la vida, principalmente, de los griegos a partir de Solón, y que en contraparte, hoy en día, la palabra carece de todo valor y trascendencia, hecho reflejo en la “cotidianidad”, la cual, por respeto a sus tiempos me veo obligado a omitir para ejemplificar la pérdida de valor que ha ido tendiendo la palabra.

Yo por mi parte me atengo a fundamentar y a valorar la responsabilidad de mis palabras, y como ya he externado, creo que la nostalgia y la cotidianidad son un licor embriagante que si no lo dosificamos, terminamos por volvernos, como bien dijo “Manolito”, en estatuas de sal que se van muriendo con la dicha, cotidiana, de ver morir al segundo que se les acaba de escapar y que se fue mirándolos ver como miraban morir al segundo que lo antecedió. Celebro una vez más la reunión de ya casi cincuenta, pero quiero ponerme del lado de los que beben de la nostalgia, sólo para cobrar mucha más fuerza y así poder enfrentar e idear la mejor forma de construir lo que está por venir.

En este afán de la congruencia verbal y de la necesidad de seguir construyendo, anexo a la excelente idea de la posada propuesta por el buen César, la idea de revalorar, como generación, la función de los comunicólogos en esta realidad globalizada y las posibilidades o imposibilidades de que nuestra acción pueda trascender más allá de la mera cotidianidad.

Quiero externar una disculpa muy sentida con Álvaro, el mismísimo “Poder”, a quien no ha sido la voluntad o el desamor los que lo omitieron en el escrito que antecede al presente. Mi querido Poder esto no se puede saldar sino es a través de una crónica que enaltezca tu persona, la cual, no podrá, ni deberá estar fuera del tono que tu persona merece; no me excedo ni cebolleo con lo dicho, aseguro con firmeza de amigo que eres una persona que ennoblece y le dá brillo a la palabra amistad. Te la debo mi querido Álvaro, te la debo, pero sábete de antemano que es el amor el que mantiene en la memoria a los amigos, sólo el amor.

A mi querida Esther, no puedo más que rendirle un muy profundo homenaje por la fortaleza y por el empeño con el que acomete y estimula esta unidad que la tecnología nos ha permitido hacer posible. Muchos besos y muchos más agradecimientos por tenerme y dejarme estar tan cerca de ti.

A mi querido Porras, gracias por el adjetivo de poeta del mar de Cortez, y quiero decirte que el agradecimiento viene por lo de la referencia geográfica, ya que esta tierra merece mucho merito de lo que ahora soy, lo de poeta lo retomo como meta a conseguir. Quiero multiplicar los agradecimientos por lo que vienes haciendo a favor de la unidad y el crecimiento de nuestra generación, la cual, espero, pueda ir más allá de estas fiestas tan embriagadoras y necesarias, y logre instalarse en el espacio de la Historia, con mayúscula, de por lo menos la misma Universidad. También te agradezco que hayas recordado e incluido en la crónica que tan bien titulaste: “del salón azul al campo de juego”, el momento en el que el equipo no encontraba donde guardar tanta dicha acumulada al tenerte a ti y al Boris embasados en un momento de suma decadencia deportiva.

A Marco y al Tilín, que gran detalle y capacidad la de ustedes, para poder retratar, con tan pocas frases, un espacio tan grande y nutrido de imágenes de lo sucedido en aquella memorable tarde de chingadazos, palos, bolas y cabrones empolvados. Cierto Marco era el cacher, pero como lo que quería resaltar era que no pudo pararte el madrazo marca “acme” que le acertaste, no tuve otra opción que recurrir al parador en corto que en ese momento paró pura madre. Tilín, la pinchi flaca que trajiste a la memoria, recuerdo ahora, que también estuvo varios días en las conversaciones porque no atinábamos a comprender como era que, de tanto hueso, hubiera salido tanta pinchi destreza para echar chingadazos. Fue la única que ganó y salió inmaculada con la blancura de su pantalón y con la totalidad de sus huesos en orden y bien afilados.

Reitero mi cariño por ti Sonia, y te agradezco, amiga, tus palabras y el recorrido por la nostalgia de echegaray, el voli y la trova. Que gusto saberte en la academia, ojala y pudiéramos compartir experiencias al respecto.

Ahora mismo, mientras termino de escribir estas letras, me he levantado para poner a Sabina y escuchar: “Cuando era más joven” y junto con el tarareo de la canción releo lo escrito, para repasar el rostro de cada uno de ustedes; hay casi cuarenta grados en el ambiente y no hay una sola nube en kilómetros y kilómetros a la redonda. El desierto arde en la piel, al tiempo en que el amor y la nostalgia incendian el alma. Voy al Coromuel mi querido Álvaro, a tomarme unas tres cervezas para la sed y otras seis para el contento de estar con ustedes, por lo menos en las letras. Saludos a todos y espero me ayuden para subir a la red esto.

NOTA: te agradezco compañero Roberto, el tip de lo de la revista Proceso, trataré de ponerme en contacto. Gracias.