“¡Y tú cállate! ¡Que a ti no te estoy hablando!”
En cuestión de segundos, los presentes pasamos de la resignación al estupor y luego a la íntima carcajada.
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Era una mañana fría, nublada, ocasión para la ropa abrigadora.
Como en la mayoría de los casos, la llegada a clases a la ENEP Acatlán debía ser a las 7 de la mañana, porque de lo contrario ya no nos dejaban entrar. Cursábamos el cuarto semestre y ese día nos tocaba Géneros Periodísticos Informativos IV (Entrevista), con Mercedes Aguilar, a quien de cariño apodábamos “La Bruja”. Sí, con mucho cariño.
Como paréntesis quiero comentar que un grupo de unos… quizá cinco o seis ingenuos creímos que al haber cursado Nota Informativa con Rafael Rodríguez Castañeda, así nos iba a tocar el siguiente semestre. En aquél entonces pensábamos ¡qué maldita suerte!, porque una bola de gandayas se había ido tempranísimo a la escuela a inscribirse con el ahora director de Proceso, huyendo de “La Bruja” o por el renombre del susodicho. El siguiente semestre fue peor, porque otros, más gandayas, se fueron a quedar desde la noche anterior. Y perdón por lo de “gandayas”, si alguien se siente aludido.
Pues resulta que en el grupo de Mercedes Aguilar cursábamos a lo mucho 12 compañeros, mientras que en el de Rodríguez Castañeda no cabían en el salón.
Ese día, Brisa Rossell, que vivía cerca de Acatlán, salió rumbo a la escuela para no llegar tarde a la materia de “La Bruja”, pero no había recorrido mucho trecho cuando recordó que se le había olvidado algo y regresó a su casa, pero al ingresar dejó abierta la verja, situación que su perro aprovechó para salir a olisquear los árboles cercanos.
De la salida del perro, Brisa no se percató, por lo que al salir de su casa cerró nuevamente la verja y el animal se quedó afuera. Éste, sin forma de ingresar, optó por seguirla, de lo cual nuestra compañera tampoco se dio cuenta sino hasta que ya estaba a punto de ingresar al plantel. En virtud de que no podía regresarlo, por el riesgo de quedarse fuera de clase, prefirió ingresar con todo y su mascota.
Por lo tanto, el pobre animal tuvo que chutarse también la clase de Mercedes Aguilar. Ésta, como siempre, nos comenzó a poner una arrastrada, no recuerdo si porque nadie supo contestarle una pregunta o si porque no le habían convencido los trabajos entregados la sesión anterior. El caso es que los siete u ocho que estábamos en el salón (si no es que menos), manifestábamos resignación por esa arremetida de la profesora, quien en casi todas las ocasiones alzaba la voz hasta llegar al grito.
Esto, de una u otra manera, no le gustó al perro. No sé si porque no lo dejaba dormir, si porque sentía que estaba agrediendo a su ama o si porque dentro de su alma se solidarizaba con nosotros. Y acostado levantó la cabeza para ladrarle dos veces a la profesora.
Entonces, Mercedes Aguilar detuvo su regaño hacia nosotros y se dirigió al pobre perro para espetarle:
—¡¡Y tú cállate!! ¡¡Que a ti no te estoy hablando!!
A todos, al perro y a nosotros, se nos pintó un gran signo de interrogación en la cabeza. Nadie dijo nada. El perro, resignado, agachó la cabeza y continuó acostado volteando para otro lado. De la resignación por el regaño, pasamos al estupor por la acometida al pobre animal. Y enseguida a la carcajada interior (la cual fue abierta y estertórea hasta el final de la clase), que nos hizo más llevadero el momento.
Sí, al final de la clase todo se nos olvidó y dimos rienda suelta a la carcajada. Brisa sólo reía y la vimos alejarse con su perro. Ya no supimos si lo regresó o si tomó las clases restantes con él. Pero ese día, como muchos otros, quedó tatuado en nuestra memoria.
Con Mercedes Aguilar cursábamos la mencionada Brisa, Nohemí Pineda, Ángeles Noriega, Alicia García (quien en una ocasión le cantó “A mi manera” a “La Bruja” el día de su cumpleaños), Manuel Alcántara (quien difícilmente alcanzaba a llegar a la clase), creo que Martín Mancilla, unos cuantos suicidas más y un servidor. Y a quienes no cursaron con Mercedes Aguilar sólo me resta decirles: “No saben de lo que se perdieron”.
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PD: Alguien, no recuerdo bien, me dijo que Mercedes Aguilar ya había fallecido. Si es así, que en paz descanse. Si no, que ese informante cuide mejor su información.
El extraordinario perro sí es seguro que ya murió. Si no, que Brisa nos lo confirme.
Ángel:
Meche no se ha muerto, trabaja como directora de Comunicación Social en El Metro y sigue siendo muy divertida. Y debo confesar que yo siempre estuve con Mercedes Aguilar por gusto. Eso de irse de madrugada a apuntar con Rafael Rodríguez no iba conmigo, así es que todos los géneros informativos los tomé con Meche aguilar, cuyo cumpleaños acaba de ser el lunes 24 de septiembre.Ese cuento de que era difunta me lo comentó Rebeca y me puse muy triste, entonces llamé a su casa y me contestó muy amable. Por supuesto no le dije que creía que ya andaba entrevistando a San Pedro, y entonces puse como pretexto que Brisa, Rebeca y yo la invitábamos a desayunar, lo cual aceptó gustosa y así lo hicimos. Mercedes Aguilar es un súper personaje. Y sí, le decíamos la bruja, pero en realidad es un ángel. Suena cursi, pero es cierto, su aparente dureza y sarcasmo en las clases- ya sea en el aula o en el Vips cuando ya quedábamos menos de diez alumnos- eran extraordinarias, tiene en realidad muy buen sentido del humor. Y por cierto Ángel, recuerdo que una vez en entrevista falló el entrevistado y la cuestionamos a ella. Tú te ensañasto con la pobre Meche, pero ella no se echó para atrás y contestó todo con sarcasmo. La anécdota del perro la recuerdo perfectamente, fue muy divertida.Meche es una reina.
Gracias por compartir con nosotros estás anécdotas Ángel. Yo soy de las que cursó con rafael todos los géneros, pero no me fuí a formar en la madrugada para inscribirme. Eso de losladridos del perro fue genial eh!!! saluditos.
Angel, felicidades por la anécdota. ¡Qué recuerdos! Recibe un saludo de Jorge Pérez Albarrán.
Invito a los demás compañeros que continúen alimentando este espacio con sus recuerdos.